“Una IA que banea un proyecto sin decirlo, es más peligrosa que una dictadura visible.”
Hace unas semanas descubrí que Tantuyo —una iniciativa que busca inspirar a través de la cultura, el arte y el propósito— había sido silenciosamente censurada por Instagram al estilo “Shadow Banning”. Nadie nos avisó. Nadie nos explicó. Solo nos dimos cuenta: el algoritmo había decidido que nuestra voz no debía ser tan visible.
Y ahí comprendí algo: el problema ya no es si la IA puede pensar por sí misma, sino que ya decide qué pensar por nosotros.
Hoy quiero invitarlos a ver la inteligencia artificial no solo como una herramienta de productividad, sino como una herramienta de posibilidad.
Porque el futuro no estará en hacer más apps con IA, sino en soñar con ella.
Soñar con nuevas formas de organizarnos.
Con nuevas maneras de conectar, de aprender, de vivir.
Soñar con un México que no solo florece ante nuestros ojos, sino que se convierte en una inspiración para otras naciones.
Porque si algo puede hacer la IA, es mostrarnos lo que somos capaces de construir cuando alineamos la tecnología con el propósito.
En un mundo lleno de ruido, de filtros, de métricas, la IA puede ser el amplificador de nuestra voz más humana.
Pero solo si nosotros decidimos qué queremos decir.
Solo si nosotros ponemos el alma.
Solo si recordamos que nuestra inteligencia no está en saberlo todo, sino en saber para qué hacemos todo.
La IA puede ser el motor de una nueva era.
Pero el combustible… ese sigue siendo el mismo desde siempre: el propósito.
Hoy estamos aquí no para temerle a la inteligencia artificial.
Estamos aquí para recordarle al mundo que la verdadera inteligencia… es la que sabe sentir, conectar y soñar.
Y si usamos la IA con conciencia, con ética, con valentía…
no solo construiremos mejores algoritmos,
sino una nueva humanidad.
Una más resiliente.
Más modesta.
Más viva.Y todo empieza por una decisión:
¿vamos a dejar que los algoritmos nos programen… o vamos a usar la IA para reprogramar el mundo?
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