Menos Monopoly, más cooperación: cómo los juegos de mesa cambian sociedades

Descubre cómo los juegos colaborativos pueden generar sociedades sostenibles e inclusivas


En un mundo saturado por la competencia individual, es hora de jugar en equipo. A lo largo de la historia, los juegos de mesa han sido testigos y reflejos de las dinámicas sociales, económicas y culturales que han configurado las sociedades humanas. Desde los antiguos juegos de estrategia hasta los complejos títulos modernos de rol, los juegos han servido tanto de entretenimiento como de espejo de la naturaleza humana. Sin embargo, en un mundo que enfrenta retos globales cada vez más complejos y entrelazados, surge la pregunta: ¿Podemos reimaginar el propósito de los juegos de mesa para que, más allá de la diversión, se conviertan en herramientas que promuevan la colaboración y contribuyan a la creación de un futuro más sostenible y justo?

El Legado de la Competencia:

Durante décadas, los juegos de mesa estuvieron centrados en la competencia. Títulos clásicos como Monopoly o Risk enseñaban a los jugadores que el éxito se obtenía a través de la acumulación individual de riquezas o la conquista de territorios. Aunque Monopoly fue creado como una crítica al monopolio y sus efectos en la sociedad, terminó convirtiéndose en un símbolo del capitalismo desenfrenado, mientras que Risk ofrecía una simulación de guerra y conquista. A través de estos juegos, muchos aprendieron a ver el mundo en términos de ganadores y perdedores, fortaleciendo la mentalidad de «ganar a toda costa» y a veces, olvidando el bienestar colectivo.

Sin embargo, en las últimas décadas, hemos sido testigos de un cambio paradigmático en el diseño de juegos de mesa. Los juegos colaborativos, en los que los jugadores deben trabajar juntos hacia un objetivo común, han emergido con fuerza. Títulos como Pandemic, Hanabi y Spirit Island muestran que la diversión no está necesariamente atada a la competencia, sino a la cooperación. Estos juegos promueven valores como la comunicación, la solidaridad y la comunidad, creando experiencias compartidas que permiten a los jugadores experimentar el poder de la colaboración efectiva.

Este cambio no es solo una tendencia pasajera. Según datos recientes de la industria, el mercado de juegos colaborativos ha experimentado un crecimiento anual del 25% desde 2018, superando significativamente el crecimiento promedio del 7% de los juegos de mesa tradicionales competitivos.

Un ejemplo fascinante de esta nueva ola es «The Wandering Village», un juego de construcción y gestión de recursos donde los jugadores deben cooperar para mantener con vida a una aldea construida sobre el lomo de una criatura gigante llamada Onbu. Este juego combina brillantemente elementos de supervivencia, ecología y simbiosis: los jugadores deben tomar decisiones que no solo beneficien a su comunidad, sino también a la criatura que les sirve de hogar. Si los recursos se explotan de manera desmedida o se contamina el entorno, Onbu enferma, afectando directamente la viabilidad de la aldea. The Wandering Village representa perfectamente esta nueva filosofía de diseño donde el éxito depende del equilibrio y la sostenibilidad, no de la dominación o explotación.

Más Allá del Entretenimiento: Juegos como Laboratorios Sociales:

Los juegos de mesa tienen el potencial de ser más que meros pasatiempos; pueden funcionar como laboratorios sociales. En este espacio lúdico, los jugadores experimentan con diversas dinámicas y escenarios, lo que les permite «prototipar» soluciones para problemas complejos. Imagina un juego inspirado en Catán, donde la victoria no se basa en acumular recursos, sino en la creación de una isla ecológicamente sostenible. O una versión de Risk donde el objetivo sea alcanzar la paz mundial, en lugar de conquistar territorios. En la era de la inteligencia artificial y el cambio climático, estos juegos podrían enseñarnos a equilibrar los avances tecnológicos con la preservación del bienestar colectivo. Es aquí donde el propositivismo —un enfoque orientado a la acción, la cooperación y el bien común— puede encontrar su espacio. A través de los juegos de mesa, podemos reflexionar sobre cómo nuestras decisiones afectan no solo a nosotros, sino también al futuro de las próximas generaciones.

La ludificación, o el uso de elementos de juego en contextos no lúdicos, se ha consolidado como una herramienta clave para el aprendizaje y el cambio social. A través de los juegos de mesa, podemos desarrollar habilidades cruciales para el futuro: la resolución de problemas complejos, el pensamiento sistémico y la colaboración interdisciplinaria. Jugar no solo es una forma de entretenimiento; es también una forma de aprendizaje experiencial. Nos enseña a tomar decisiones estratégicas, a comunicar nuestras ideas de manera clara y a adaptarnos a un entorno en constante cambio. En este sentido, los juegos de mesa se convierten en un puente entre el entretenimiento y el desarrollo de competencias que son esenciales para construir un futuro más inclusivo y sostenible.

En México, iniciativas como «Juegos del Bienestar» están desarrollando materiales lúdicos que abordan problemáticas locales como la gestión del agua o la preservación de ecosistemas endémicos. En Tantuyo Centro Cultural estamos comprometidos con ser ese espacio donde los ingenieros de futuros puedan repensar y diseñar los juegos del mañana. Apoyamos la creación de experiencias lúdicas ya sea digitales, usando realidad virtual o, preferentemente, juegos de mesa físicos que fomenten la desintoxicación digital mientras promueven valores de cooperación, sostenibilidad y pensamiento sistémico.

Construyendo un Futuro Colaborativo:

Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, donde los problemas globales, como el cambio climático o las desigualdades sociales, no pueden ser resueltos desde una perspectiva individualista. Los juegos de mesa nos brindan una oportunidad única para reflexionar sobre cómo nuestras acciones afectan al todo. Si hay algo que los juegos colaborativos nos enseñan, es que el verdadero éxito no se basa en ganar a expensas de los demás, sino en trabajar juntos hacia un bien común. En un mundo que a menudo valora la competencia individual, los juegos pueden ayudarnos a recordar que, cuando uno solo gana, realmente todos perdemos. Los juegos de mesa, en su forma colaborativa, pueden ser catalizadores de una mentalidad de cooperación, un principio clave para un futuro más justo, equitativo y sostenible.

En Tantuyo Centro Cultural, hemos sido testigos directos del poder transformador de los juegos como herramientas de aprendizaje y conexión humana. Nuestra visión como organización está profundamente entrelazada con los principios de colaboración, sostenibilidad y bienestar colectivo que estos juegos promueven. Creemos firmemente que los espacios lúdicos pueden ser catalizadores de cambio social. Cada semana, personas de diferentes edades, profesiones y trasfondos se reúnen para participar en sesiones de «Cash Flow», un juego que, aunque originalmente diseñado para enseñar principios de inversión y gestión financiera, se ha convertido en mucho más que eso. Lo que comenzó como un espacio para aprender sobre balances, estados financieros y estrategias de inversión, ha evolucionado hacia una comunidad donde los participantes comparten sus experiencias, desafíos y conocimientos.

Sin embargo, hemos encontrado necesario reivindicar el propósito original de estos espacios. Más allá de enseñar a «hacerse rico» o acumular bienes, nuestras sesiones enfatizan la libertad financiera como un medio para contribuir positivamente a la sociedad. El verdadero éxito, como reiteramos constantemente, no radica en la acumulación individual, sino en cómo utilizamos nuestros recursos para generar bienestar colectivo. Es fascinante observar cómo, a medida que avanza cada sesión, las conversaciones evolucionan desde «¿cómo puedo maximizar mis ganancias?» hacia «¿cómo podemos colaborar en proyectos que beneficien a todos?».

Conclusión:

Hoy parece que vivimos en una partida donde quienes tienen más fichas fácilmente se adelantan haciendo trampa: evadiendo impuestos, corrompiendo sistemas y perpetuando desigualdades. Sin embargo, desde Tantuyo invitamos a ver la vida de otra manera. No como un juego donde alguien debe perder para que otro gane, sino como una experiencia colectiva donde el objetivo no es la victoria individual, sino reinventar constantemente las reglas para que todos puedan disfrutar del juego. Porque, en realidad, el fin no es la meta misma, sino el camino compartido: la experiencia, el aprendizaje, la expansión de posibilidades. Todos podemos decidir cambiar el juego en el que participamos, pero no todos encuentran el valor para levantarse, tomar sus fichas y moverse hacia una mesa distinta, una mesa donde podamos jugar juntos por el bienestar colectivo.

A lo largo de su evolución, los juegos de mesa han sido un reflejo de nuestras sociedades y valores. Hoy en día, tenemos la oportunidad de reinventar su propósito, transformándolos en herramientas poderosas para el cambio social y el aprendizaje colectivo. Al integrar la colaboración, la ludificación y el aprendizaje experiencial, podemos convertir los juegos de mesa en agentes de transformación positiva, no solo dentro de la mesa de juego, sino también en el mundo real.

Te invito a reflexionar sobre el potencial transformador de los juegos de mesa. Piénsalo no solo como una forma de entretenimiento, sino como una herramienta para el aprendizaje y el cambio social. ¿Cómo podrían los juegos contribuir a la creación de un mundo más justo y colaborativo? Comparte tus ideas, experiencias y reflexiones en los comentarios.

En Tantuyo, creemos que jugando diferente podemos cambiar nuestro futuro. ¿Te unes a nosotros? Juntos, podemos construir un futuro donde la cooperación y el bienestar colectivo sean los verdaderos ganadores.

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